Un país que ha vivido la violencia por
siglos, cuyos ciudadanos son sobrevivientes de la violencia, del desplazamiento
forzado, no pueden ser gobernados con violencia; ellos ya han sido violentados
y su vida la sacrificarían por su causa, especialmente si viven en medio de la
injusticia social, pobreza, desalojos, violencia armada y común, donde el mismo
Estado no está en condiciones de proteger su vida y bienes, especialmente en
las zonas más alejadas del país.
Retroceder en años de diálogo y avances en materia
de paz y negociación, es vestir de sangre las calles y caminos de la Patria.
Sólo hay una forma de llegarle al colombiano, de
convencerlo a trabajar mancomunadamente por su causa, por la causa del
colectivo, es a trasvés del diálogo y el manejo correcto, el cumplimiento de los
acuerdos; de lo contrario, las riquezas y esperanzas de los logros alcanzados
quedaran atrás, ahogados en sangre inocente; el crimen organizado aprovechará
este dolor, esta falencia administrativa para vincular a su causa la víctima de
la injusticia social.
Cuando un alto mandatario, dirigente de un Estado
se iguala con el delincuente detenido y lo instiga, pierde toda autoridad moral
para administrar un su población y territorio, y ante todo, la credibilidad de
sus asociados.
Todo tirano acude a estas imágenes cuando no
puede hacerse entender por la razón y por ello acude a las imágenes del horror.
En los momentos históricos de crisis, dolor,
desesperanza, se alían, se ofrecen los grandes héroes tiranos, enfermos psíquicos que
aparecen como redentores, utilizando la violencia como bandera de salvación,
aplaudidos por aquellos violentes que los han elegido y apoyado.
Esa ha sido la etapa que se repite en el
canibalismo humano, utilizar un tercero y celebrar sus actos atroces.
Nuestro silencio e indiferencia ha generado más muertos y victimas, que las que a diario atacan con sofisticadas armas los grandes tiranos.
Nunca la violencia
ha sido la mejor estrategia de gobernanza; mostrar al pueblo, a la niñez,
a la adolescencia, a nuestros adultos mayores, la muerte del
condenado a esta pena por vídeo, máxime si está en silla de ruedas, es un acto
desde todo punto de vista dañoso y transgresor de la integridad de los que lo
presencian; ello explicaría como aumentan
frente a todas estas violencias y estados de cosas, los suicidios, especialmente a temprana edad; por qué los que presentan secuelas de violencia en su infancia,
se disparan en su patología y se toman
escuelas para fusilar a los más vulnerables.
Detrás de los integrantes de la delincuencia
común, de los peores criminales, navega la enfermedad mental, el abuso, el desarraigo,
el maltrato, el abandono, la marginación, la transgresión en todas sus
modalidades; intervenirlos con dosis letales de violencia, agudiza su crisis,
es echarle leña al fuego, por ello, cuando las cárceles se humanizaron, se buscó
que su pena cumpliera un papel resocializador, reivindicativo, indemnizatorio y de rehabilitación, entre otros aspectos.
En esta
materia no podemos retroceder un solo paso, quienes ingresan con rituales de iniciación
a un combo o grupo armado, deben hacer pruebas, en las que su vida importa nada; tienen claro que ingresan y sólo salen murtos, por ello su viuda les importa poco,
como el sicario del Medellín de los años 80 y 90, ("Metrallo", "Medallo") que ingresaban al Combo para
dejarle un rancho a la cucha, y embarazaban a la "sardina o polla", como la
llamaban, antes de que el fusil enemigo los alcanzara a los escasos 12 o 13 años, algunos llamados "Carritos" por filtrar información entre los combos.
Para el mismo militar reza el eslogan, “Patria
antes que vida” y muchos se suicidan en los mismos búnkeres cuando su mano se ha salpicado de la sangre caliente de sus compatriotas.

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