¡Oh sorpresa! ¡Oh admiración! Cuánta responsabilidad y grandeza en la Francisco Luis, en una mañana helada de un viernes, cuando el sol temeroso trata de cubrir las montañas de este gran valle, antes que ello ocurra, nos sorprende calentando nuestros ojos y alma, Melanye con su tarea.
¿Acaso no hemos descubierto la grandeza que supera el verde de nuestro colegio, con los trazos de colores del arco iris, que hoy se viste de todos los colores y formas, transitando con pies descalzos los senderos de la paz; siguiendo las coordenadas de la literatura, esa que inspira, esa que deja huella, esa que nace en los bancos, en los cuadernos, en los niños, niñas y adolescentes de ese rincón sagrado de Medellín, llamado Francisco Luis?