Según la entrevista brindada por
uno los invidentes asistentes al encuentro de egresados el día 8 de noviembre
de 2025, el señor Jorge Herrera, en el campo del derecho, la Institución
Francisco Luis Hernández Betancur tiene varios egresados, entre ellos Conrado
Botero, egresado de la Francisco Luis, abogado, procedía de Marinilla; Aldemar Muñoz,
igualmente abogado, estudió en la Francisco Luis, egresó en 1965.
Las docentes, Gloria López y
Yolanda Serna, fueron estudiantes de la Francisco Luis Hernández Betancur, son
tiflólogas y se dedican al acompañamiento de los procesos académicos de la
población invidente; la docente Gloria López recibe mención por parte de la
institución, el día 8 de noviembre de 2025 por la labor que viene realizando
durante hace varios años en la promoción de la discapacidad visual.
Margarita Jaramillo es abogada,
procedente de Jardín, cursó estudios en la institución Francisco Luis en 1963.
Rubén Darío Restrepo Palacio
oriundo de Abejorral, egresó en 1969 de la Francisco Luis, desafortunadamente
murió en un accidente, durante su vida se desempeñó como Juez Promiscuo del
municipio de Olaya.
César Jiménez, ya fallecido,
egresado de la Francisco Luis, se desempeñó como Juez de Menores de Medellín.
Entre los profesionales egresados
que han sido docentes de música y se formaron profesionalmente para ello, se destacan,
Ismael Iglesias, ya fallecido; Guillermo Otálvaro, enseñó música entre los años
1974 a 1984; Rafael Granados, falleció en el año 2020, se desempeñó como
profesor de música.
Jorge Herrera, se desempeña en
Masoterapia y Fisioterapia, estudió en la Francisco Luis de 1961 al año 1979,
se profesionalizó en salud, trabajó en el Hospital del Sur, de 1977 al 2010.
Hugo Alexander Valencia
manifiesta que los invidentes se han formado en la línea de las ciencias
sociales, el emprendimiento, la música, el servicio al cliente, el deporte,
deportes paralímpicos, la educación especial, la tiflología, entre otras áreas
de formación profesional.
Giovanny Vásquez, docente de
derecho de la Universidad de Antioquia con doctorado.
Lina Marcela Marcela Macea,
abogada, Carlos Mario Jaramillo, abogado y egresado de la Universidad de Antioquia,
con un doctorado.
Alison Osorio, licenciada en
música de la universidad Adventista.
Hugo Alexander Valencia, docente,
licenciado en ciencias sociales de la Universidad Nacional.
Entre las dificultades que
manifiestan los invidentes en la cotidianidad se pueden señalar:
Falta de oportunidades, la gente no cree en
los invidentes y lo que pueden hacer;
algunos experimentan lástima y otros,
sobreprotección, especialmente la familia.
Entre las sugerencias formuladas
por los egresados que asistieron a la institución el día 8 de noviembre de 2025
se pueden exponer:
Formar a los estudiantes
invidentes en actividades de la vida cotidiana, cocina, higiene personal,
labores del hogar, labores en la vida social, comunitaria y laboral.
Se le solicita al gobierno que
actualice la forma de trabajo con la discapacidad visual; utilizar metodologías
innovadoras, brindar en todo momento buen trato y respeto a la discapacidad
visual.
Crear de nuevo el internado para
que la gente de otros lugares, veredas, municipios y otras localidades, puedan
estar allí, formarse y prepararse como lo hicieron ellos, venidos de todos los
rincones del país, inclusive de otros países; de esta forma, se podrá brindar
una educación inclusiva.
Abrir fuentes de empleo para las
nuevas generaciones que permanecen con su discapacidad visual, marginadas, en
el absoluto analfabetismo y olvido.
Recuperar los talleres de la
institución para que los jóvenes y niños invidentes aprendan artes y oficios;
evocan el tiempo en que ellos trabajan en los talleres esterilizando sillas;
cada esterillado era pagado con 60 pesos, comenta uno de los entrevistados, que
para esa época una gaseosa tenía un costo de 1 peso, con 50 centavos.
Uno de los entrevistados
manifiesta que no hay habitantes de calle invidentes egresados.
Solicitan continuar con la
reunión de Egresados, ello les permite unirse, crear lazos de fraternidad,
comunicación y cooperación; todos los invidentes reviven su época de estudio,
los amigos, los juegos, divertirse; hacer lo que todo estudiante hace en clase,
tirar papeles, aviones, hacer indisciplina, ser uno más del grupo sin ningún
estigma, prevención o limitación, aprendiendo del currículo oficial y oculto,
de esa sociedad real, aprender a vivir viviendo, interactuando, transformando,
lejos de todo encierro por sobreprotección o pobreza.
Fomentar la tecnología como
herramienta básica en clase, ellos solo trabajaron el baille con un radio o un
reloj que hablaba, y gracias a esto lograron grandes metas; a los actuales
invidentes, la tecnología les elevará su estatus, eliminando barreras.
Fortalecer el deporte, éste
fortalece sus habilidades físicas e intelectuales, contar siempre con un
profesor que les enseñe el braille, que los acoja cuando lleguen a la
institución, que la Francisco Luis sea y continúe siendo su casa, como la
sienten hasta el momento.
Cambiar ese significado social de
discapacidad visual, ellos han demostrado que se puede ser diferente, que se
puede lograr metas, que inclusive, un oyente no lograría.
Hacerse visibles a través de la escucha, de la
academia, abriendo caminos, propiciando cambios, otras maneras de pensar, de
actuar, convencidos de que, si se puede, que las metas están cerca y serán
logradas.
Conservar los buenos docentes,
ellos son sus referentes, sus compañeros de batalla, ellos siempre estarán en
sus recuerdos por las luchas libradas y ganadas y porque supieron llegarles con
su amor y entrega.
Estar unidos siempre, pedirle a
la sociedad, a la familia, que dejen el temor, el encierro, usando frases tales
como “No lo dejes salir solito a la calle”, es una manera de encerrar y negar
posibilidades y oportunidades.
Los invidentes solicitan que la
sociedad y el gobierno les abra su espacio para ayudar a su progreso.
Mejorar la inversión social para
que las aulas sean laboratorio de tecnología de aprendizaje, de experiencias,
humanización y encuentro.
Los invidentes están retando a la
sociedad, mostrando que sí se puede, que la Institución Francisco Luis, les
enseñó a hablar, actuar, a responder a los retos sociales, a realizar lo que
soñaron en su infancia.
Mejorar el subsidio que se da a
la discapacidad; muchos recuerdan el hambre, las necesidades que pasaron, las
distancias que recorrieron a pie para formarse como invidentes sin ningún apoyo
gubernamental, solamente lo que la familia en el deseo de superación de sus
hijos, les podía aportar para lograr sus metas.
Recalcan el valor de exigirle a
la discapacidad para que cada uno logre sus metas.
Recrear metodologías de la
conversación del texto, de la inteligencia artificial, de las imágenes, del
lector de pantalla, reemplazado por inteligencia artificial, fortaleciendo esas
tecnologías. Ellos recuerdan cómo pudieron algunos llegar al doctorado en
universidades demandantes y de calidad como la de Antioquia, gracias a estas
modernas tecnologías.
Fortalecer las bibliotecas, la
música, las canchas, el deporte, la lúdica, creatividad, y todo espacio que
permita interactuar con los pares y con las demás poblaciones.
Mejores oportunidades para la
educación, para el empleo, abrir espacios laborales, de esta forma, podrán
acceder a lo que han soñado, y ante todo, alcanzar una vida digna e
independiente.
Preservar la institución, ellos
la aman, ésta es parte de su vida y las batallas ganadas, es la que les
permitió salir adelante.
Son 100 (Cien) años transformando
vidas, entornos, que siempre celebrarán con orgullo porque les hizo autónomos e
independientes.
La plancha de plástico, el ábaco,
todos estos materiales fueron fundamentales para adentrarse desde primaria en
los conocimientos más abstractos, ella seguirá allí, moldeando la
psicomotricidad fina y delgada del invidente.
Invitan a toda la comunidad
invidente, a la sociedad, a sus familias, para que nunca se den por vencidos,
que siempre sientan, que así una persona sea ciega, nunca se quedará atrás, que
su capacidad es ilimitada para conocer las cosas, el universo, aprender a
habitarlo y disfrutarlo, como lo hace todo ser humano en su diario vivir.
Al Gobierno le solicita mayor
accesibilidad para llegar a la población invidente, estímulos, buenas
prácticas, garantizar la inclusión en todas las actividades sociales que se
realicen a nivel social y de ciudad.
Sentir que los invidentes son muy
capaces.
Establecer la Media Técnica,
incluyendo el inglés, dado que hay un interés marcado en éste, en la música,
salud y trabajo social.
Formar en educación sexual.
Recuperar el juego con el balón
que suena cascabeles; ellos solían jugar con un tarro de Nescafé, lo recuerdan
con alegría porque el deporte les ayudó a irse integrando y a sentir ese
universo externo lúdico, recreativo; es una invitación a la solidaridad. Ellos
transformaron sus vidas, las de sus familias, y seguirán contribuyendo para que
todos puedan disfrutar de un mundo mejor sin barreras, sin miedos,
prevenciones, estigmas, que se pueda ver y contemplar más allá de sus ojos,
sintiendo que la vida es maravillosa,
que de cada persona, de cada docente, hay mucho que aprender, que ellos son
testimonio vivo del legado de la Institución Educativa Francisco Luis Hernández
Betancourt, un universo sin fronteras, donde se hacen realidad las metas
trazadas a corto, mediano y largo plazo.
Bibliografía
UN DÍA EN LA OSCURIDAD
https://piedad-acosta-ruiz34.webnode.es/
Relatos de Gustavo de Jesús Acosta Uribe, exalumno de la
época de apogeo de la escuela de ciegos y sordos, institución que está
cumpliendo 91 años de historia
https://piedad-acosta-ruiz34.webnode.es/news/relatos-de-gustavo-acosta-uribe-exalumno-de-la-epoca-de-apogeo-de-la-escuela-de-ciegos-y-sordos-institucion-que-esta-cumpliendo-91-anos-de-historia/